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Patrimonio Natural


Nuestro entorno natural

El término municipal de Aldeaquemada se sitúa en el sector meridional del Macizo Hespérico, que coincide con la meseta. Este macizo está constituido por rocas antiguas del Paleozoico, más concretamente del Ordovícico. Las rocas más abundantes son comunmente conocidas como pizarras y cuarcitas.
Aunque los fósiles son escasos, se pueden encontrar trilobites y branquiópodos en determinadas zonas, como puede ser la de la Cimbarra.

Desde el punto de vista topográfico, el término municipal de Aldeaquemada muestra dos zonas diferenciadas. Al norte hay un paisaje escasamente abrupto, con pendientes moderadas entre el 7 y el 15%. Por contraste, al sur abundan cerros y serrezuelas, separados entre sí por arroyos que discurren fuertemente encajados, con pendientes de porcentajes, en ocasiones, superiores al 30%. En esta zona la diferente resistencia de las rocas, unido a las fuertes pendientes, favorecen la aparición de cascadas, entre la que destacamos La Cimbarra.

En la vertiente suroeste aparece encajado el río Guarrizas, creando fuertes pendientes. Este encajamiento, producido como consecuencia de la erosión remontante favorecida por la presencia de fallas, da lugar a la aparición de algunos saltos de agua, siendo el más expectacular el ya mencionado de La Cimbarra (en estos parajes cimbarra es sinónimo de cascada), siendo también muy conocidos los del Cimbarrillo, en el arroyo de Martín Pérez, y el de María Antonia. Por el contrario, los declives más suaves aparecen en el lado sureste, al sur del Cerro de Piedras Blancas.

El Paraje Natural de La Cimbarra 

LA CIMBARRASi por algo es conocida Aldeaquemada es precisamente por La Cimbarra. Esta espectacular cascada de agua de unos 40 metros de altura se encuentra a unos dos kilómetros del pueblo en dirección sur y tiene la categoría de Paraje Natural.

El camino de acceso está en buen estado y los esfuerzos por su mejora han sido importantes en los últimos años. La zona se encuentra bien señalizada y no es difícil acceder al sitio. Es recomendable que nuestro coche no sea demasiado bajo debido a que en ciertas épocas del año las lluvias estropean el camino. Una vez llegados a lo alto del Collado de La Cimbarra nos tocará seguir el camino a pie.

Podemos tomar dos opciones, siguiendo la vereda de la derecha, que nos llevará a las Calderetas (pozos naturales formados por la erosión del agua en la piedra) y desde donde podremos observar la caida desde el mismo pie del chorro. La vereda de la izquierda nos conducirá a la Plaza de Armas, lugar desde el que tendremos una vista frontal de la cascada. Recomendamos calzado cómodo y antideslizante para los meses en los que el suelo esté mojado.

Rodeados de jaras y encinas surgirá ante nuestra vista un barranco adornado por escarpados farallones de roca y nuestros oidos enseguida descubrirán el trueno creado por la violencia del agua al caer. Dependiendo de la época del año en el que nos encontremos, la cascada caerá con más o menos intensidad. Si queremos ver la zona en todo su esplendor, siempre es recomendable venir cuando hemos tenido una o dos semanas de lluvia intensa. Hay ocasiones en las que, en las noches de invierno, incluso se puede oir el rugido desde el pueblo.

La vista del paisaje es majestuosa y la disposición de los abrigos de roca hacen que a veces confundamos la horizontalidad del terreno (lo que parecia llano desde un punto, ahora parece que está en pendiente y viceversa). Suponiendo que hayamos elegido el camino de La Plaza de Armas, encontraremos La Cimbarra de frente. Ahora elegiremos una vereda que sale hacia la derecha en dirección a la laguna.

Pasaremos un molino abandonado cuyas gigantescas ruedas de arenisca están desperdigadas camino abajo. Desde esta zona también podremos observar diferentes vistas del chorro, hasta que lleguemos al pie del agua. Si se trata de una visita tras una época de lluvias, con seguridad el viento nos traerá una neblina de agua que nos empapará de la cabeza a los pies. Los más atrevidos suelen empezar a bañarse en sus frías aguas en Semana Santa.

Respecto a este punto recomendamos siempre seguir las lógicas precauciones que se deben tener al bañarse en los ríos: existen remolinos, piedras ocultas por la oscuridad de las aguas a pocos centímetros de la superficie (ni se nos ocurra tirarnos de golpe y menos de cabeza) y zonas muy profundas. Nadie ha logrado NUNCA averiguar la profundidad de la laguna. Los más viejos del lugar aseguran -en algún momento han metido una sonda que nunca ha llegado al fondo- que es un pozo con al menos 30 ó 40 metros de profundidad.

Sobre todo deberemos saber que aunque es posible bañarse, aquello NO ESTÁ ACONDICIONADO COMO ZONA DE BAÑO. Bañarse es peligroso, y más todavía si se va solo, en pareja o si no se tiene experiencia. Sólo pensemos una cosa: estamos en el fondo de un barranco. Si somos irresponsables tendremos muchas dificultades para encontrar ayuda. Los móviles no tienen cobertura allí; por eso, es siempre más recomendable ver los peces desde la orilla y no estropear un bonito día de campo por intentar hacerse el valiente. Por cierto, el agua de los arroyos NO es potable.

Ahora que estamos en la zona, podemos tomar dos opciones: la primera continuar el curso del río para pasar a la siguiente cascada, la del Charco del egrillo, o subir para acceder a este lugar dando la vuelta al monte en el que nos encontramos. Sólo aquellos que se conocen el área se atreverán a seguir el curso del río, por el que una vez que salvamos uno de los desniveles bajando por un árbol, pasaremos a un paisaje en el que iremos saltando y sorteando unas descomunales moles de piedra caidas desde lo alto de la Plaza de Armas. Encajonados en el barranco llegaremos al Charco del Negrillo, segunda laguna de tamaño superior a la de La Cimbarra, pero con una cascada más pequeña.

En esta ocasión salvaremos el desnivel pegados a la pared y agarrándonos a los salientes de la pared de roca. Este es un paso arriesgado y no recomendable a nadie sin preparación. Una vez llegados al borde del agua, el silencio de la zona, el juego de luces y sombras y el canto de los pájaros convierten a El Negrillo en una laguna encantada y mágica. Si nos sentamos al borde, perderemos la noción del tiempo. Asegura José Ginés, pastor en la zona durante muchos años, que en los días de lluvia invernales aquello se convierte en una ciclópea olla humeante por algún curioso fenómeno, que hace que se eleve una columna de niebla hacia el cielo. Desde luego, no es sitio recomendable para presenciar una tormenta.

Circulando de nuevo por el transcurso de un río poblado de barbos y cangrejos -que hasta hace poco tiempo siguieron siendo del tipo autóctono español- llegamos a la Junta de los Ríos, lugar en el que se unen el Guarrizas y el Martín Pérez. Optaremos por tomar el Martín Perez hacia arriba (tengamos en cuenta que lo único que estamos haciendo es darle la vuelta al cerro de La Plaza de Armas) hasta llegar al Cimbarrillo, otra cascada de agua con lecho de arena y una fuentecilla donde apagar la sed. A quienes han dormido allí por primera vez, siempre les asusta una enorme roca que asoma por el borde superior y que parece que caerá en cualquier momento. Nuestro miedo desaparece precisamente en el momento en el que subimos arriba y comprobamos que el trozo que asoma tan solo es un piquito correspondiente a una piedra más grande que lleva allí siglos colocada.

Continuaremos el cauce del río hacia arriba y nos encontraremos con la vega del Río Martín Pérez. Desde aquí el acceso es bastante sencillo a lo alto del Collado, punto de inicio de nuestra excursión.

Si acaso podemos recomendar la visita a las pinturas de la Tabla de Pochico, que es el abrigo de roca más accesible. Si queremos llegar a este lugar nos situaremos en el camino de subida al Collado (donde aparcamos los coches). En la última recta que va cuesta arriba miraremos a la derecha y veremos, al otro extremo del río, un bloque de piedra con una de sus caras anaranjadas. En la actualidad es bastante fácil de identificar, ya que existe un cartel indicador y una valla protectora.

El grupo en cuestión es uno de los más completos de la zona y es recomendable buscar con calma, porque suele ocurrir que no se vea aunque tengamos la nariz delante. En lo que respecta al resto de los grupos rupestres, insistimos en recordar al visitante no intentar buscarlos si no sabemos la localización exacta, ya que sólo nos encontraremos con frustración y... con unas buenas agujetas!!! 




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